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martes, 25 de octubre de 2011

Acto de fe...

Una inmensidad plana, apenas un vapor azulado.
El amor en el fondo del agua
es la especie de tristeza por la que ya pasamos.
Podría elegir una dirección cualquiera
y extraviarse sería la única certeza:
es el fin de los tiempos y todo
el cuento que recitamos de memoria,
sin embargo llego siempre aquí mismo
donde los amigos viven colgando de los muros
en este lugar sumergido y hospitalario
Paseo ante sus rostros y no quiero tocarlos
están tan bellos así, tan inmóviles, tan acabados.
Tal vez pueda de nuevo caminar sobre el agua
si no fuera por este gran peso en mi conciencia
por esta soga al cuello,
caminar otra vez sobre el agua. Eso
es lo poco que quiero para seguir
sin hundirme en el suelo, sin ahogarme.
Si algún muro se derrumba
va a ser el de mi casa
ahora que es viernes como antes
y se termina el mundo
como siempre y todavía
en algún lugar esto hierve.


Eleonora Filkenstein
(Agentina)




lunes, 1 de marzo de 2010

El ángel...

Se vestía de blanco (tenía
cierta fijación -más bien rústica-
por la metáfora).
"Todo ángel es terrible" decía
y cerraba el negocio.


Las mujeres entornaban los ojos
para entender mejor.
Pobres, feas, de las que se cambian el nombre
por Rosemary o Jacqueline y coleccionan muñecas.


Yo era una joven robusta
y andaba con él
habría sido una puta perfecta
pero iba a la Universidad.
Tampoco me pidan que sea un ángel.


El cuento es que volaba,
volaba porque ese verso
-"Todo ángel es terrible"-
era su retrato fiel.


El mensajero del Oriente,
de la aspirina y el bicarbonato,
pensaba yo, y volaba también
apoyada en la moto mientras todo
en la vereda sucedía con naturalidad:
Este soy yo y esto es lo que hago,
canturreaba.


¿Estaba lo suficientemente alerta?
¿Miraba cuando el ángel volteaba
los espejos para la degustación?
¿Entendía tanta mirada oblicua
si la cosa se ponía caliente de verdad?


Asuntos de un oficio terrible, me decía,
de la ira de Dios.
¿A qué temer? Después de todo,
no hay nada que te mate dos veces.


Yo debería contar esto alguna vez.
Pero contarlo mejor, contarlo bien.
Porque sé que es algo que nadie
buscaría recordar jamás.
Porque sé que todo ángel es terrible.
Yo no.


Eleonora Filkenstein
(Argentina)