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domingo, 26 de septiembre de 2010

Donde estés...

I
Es la tentación o el embriago de tenerte,
el deseo abisal de poseerte…
Y es que mi alma vive en tu presencia,
iluminándose debajo de tu pecho,
encima de tus labios, dentro de tu cuerpo.
Vivo en el sentido de tu sombra,
en la latitud glandular de tus aromas,
el iris nonato de tu vientre,


el espacio en que tu pecho
hace en mi pecho el elixir que me exalta
y no soporto tu ausencia
más allá de mi palabra.


II
Vas en busca de la vida
y te me escapas a ratos de las manos.
Entonces te busco:
voy a donde estés, a donde vayas,
a cruzarme en el paraje de la calle,
a defenderme del ruido ensordecedor
que silencian tus vocales,
a hablarte entre lámparas y avenidas.
Sé que estás ahí,
en alguna parte,
en la ciudad, en su bagaje,
y me decido a perseguirte
a donde vayas, donde estés, donde camines.


III
Iré por ti a donde quieras,
donde pises, donde cruces.
Iré escondido
en los ojos de las nubes a buscarte,
tras las correrías y las cercas a husmearte,
para susurrarte versos mientras
te devoras la mañana,
mientras tú ennobleces la ciudad entre sus faldas,
para acariciar la melodía en tu mirada.
Iré escondido entre los rabos de las nubes,
sigilosamente, para no despertar sospecha
y verte de reojo, para ver tus manos
agitando el viento que llega acariciando,
para devolverte un beso agitado
y que la nube me agazape
si me viese sonrojado.


IV
Ahí, donde estés,
entre el barullo y caminando,
en la ciudad, en lo cotidiano,
aquel susurro por las nubes,
aquel salmo enamorado
que se escucha por tu paso,
quizá sea yo:
escondido, flechado, agazapado,
susurrándote al oído,
besándote en los labios.


Salvador Pliego
(Mexicano - Contemporáneo)

martes, 6 de abril de 2010

Azul...

Dicen que soñé unos ojos… dicen…
Que pintaban a la mar cuando escampaba
y llevaban el azul cuando miraban.
Dicen…
Dicen que al mirarles abrazaban
y sus olas con sus redes atrapaban.
Dicen que era el mar cuando miraba
y una brisa con sus iris le besaban.
Dicen…
Dicen que soñé unos ojos… dicen…


Salvador Pliego
(Mexicano - Contemporáneo)

martes, 9 de febrero de 2010

Murmura el mar...

Murmura el mar…
Eco y resonancia de una gota cristalina.
Murmura el mar…
Y me hinco entonces en su arena.
¿Me entiendes? -Le platico.
Te hablo de ella…
Bajo tu azul mirada sus ojos cristalinos reverberan.
Te hablo de ella…
En la profundidad su boca.
En la distancia su silueta inquieta.
Y el horizonte que se acerca cuando siento que me toca.
¿Me entiendes si te digo que mi boca saborea?
Mar, ¡qué hermosa es ella!
Pálida, en tu cuesta, una ostra
de coral se viste, se descubre y se recuesta,
y a lo lejos, con la bruma,
su aperlada orilla a mí me mira…
¿Qué dirá de mí?
En la arena, de hinojos, platicándote de ella…
¿Tú me entiendes que su rostro
es vitral de tu marea?
¿Que sus ojos son tu lejanía
y se dibujan resguardándose
en tu abultada cabellera?
Mar, ¡qué linda es ella!
Hay gotas que en la orilla,
tan sólo por sentirlas,
volatizan y sonrojan
y en sus labios se extasían.
Te platico que sus besos…
Mar, ¡hay besos como ella!
¿Tú me entiendes?
Murmura el mar…
Y me hinco ante su arena.


Salvador Pliego
(Mexicano - Contemporáneo)