martes, 28 de abril de 2009

Como árboles...



Don Mario, póngase bien pronto,
que este mundo sin Ud.
no sería lo mismo...





Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser míos

después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
sino por una vida
al menos por un rato
o por un parpadeo

en cambio hay hombres que fui
y ya no soy ni puedo ser
y esto no siempre es un avance
a veces es una tristeza

hay deseos profundos y nonatos
que prolongué como coordenadas
hay fantasías que me prometí
y desgraciadamente no he cumplido
y otras que me cumplí sin prometérmelas

hay rostros de verdad
que alumbraron mis fábulas
rostros que no vi más pero siguieron
vigilándome desde
la letra en que los puse

hay fantasmas de carne
otros de hueso
también los hay de lumbre y corazón
o sea cuerpos en pena almas en júbilo
que vi o toqué o simplemente puse
a secar
              a vivir
                        a gozar
                                      a morirse

pero además está lo que advertí de lejos
yo también escuché una paloma
que era de otros diluvios
yo también destrocé un paraíso
que era de otras infancias
yo también gemí un sueño
que era de otros amores

así pues
desde este misterioso confín de la existencia
los otros me ampararon como árboles
con nidos o sin nidos
poco importa
no me dieron envidia sino frutos
esos otros están
aquí
sus poemas
son mentiras de a puño
son verdades piadosas
están aquí
                 rodeándome
                                   juzgándome
con las pobres palabras que les di

hombres que miran tierra y cielo
y a través de la niebla
o sin sus anteojos
también a mí me miran
con la pobre mirada que les di
son otros que están fuera de mi reino
claro
        pero además
                               estoy en ellos

a veces tienen lo que nunca tuve
a veces aman lo que quise amar
a veces odian lo que estoy odiando
de pronto me parecen lejanos
tan remotos
que me dan vértigo y melancolía
y los veo minados por un duelo sin llanto

y otras veces en cambio
los presiento tan cerca
que miro por sus ojos
y toco por sus manos
y cuando odian me agrego a su rencor
y cuando aman me arrimo a su alegría

quién hubiera dicho
que estos poemas míos
iban a ser
de otros.


Mario Benedetti

sábado, 18 de abril de 2009

Pido silencio...




Ahora me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos.

Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mí crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido
que quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.

Pablo Neruda

miércoles, 15 de abril de 2009

Lu-mbra...

Un día
eres tú,
desvanecido de deseo,
aurora,
arco iris.
Colores encendidos...

Otro,
crepúsculo entristecido.
Ocaso gris.
Color del humo.
Fogata adormecida.
Cenizas...
Fuego!

Ángela Becerra

domingo, 12 de abril de 2009

Fe mía...

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Pedro Salinas

jueves, 9 de abril de 2009

El guardador de rebaños...

Desde la ventana más alta de mi casa,
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ése es el destino de los versos.

Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede esconder el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.

He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
y yo siento pena sin querer,
igual que un dolor en el cuerpo.

¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?

Flor, me cogió el destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.

¡Idos, idos de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la
que fue suya.

Paso y me quedo, como el Universo.



Fernando Pessoa
(**) De heterónimo Alberto Caeiro

lunes, 6 de abril de 2009

Canción de otoño en primavera...



Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín...

Rubén Darío

viernes, 3 de abril de 2009

Baladilla de los pies descalzos...

Morenos, menudos,
de mugre calzados,
que el arroyo quiere
y persigue el barro...
morenos, ligeros,
listos como pájaros;
desdeñan la ojota,
odian el zapato,
¡libres por la senda
van los pies descalzos!
Su dueña: una niña
su dueño: un muchacho
han ido siguiendo
misterios del campo,
un secreto ruido,
un bramido raro,
en la noche: tucos,
en la loma: pájaros,
y siempre perdiendo
o regando rastros,
por noches y días
van los pies descalzos.

Antonio E. Agüero

martes, 31 de marzo de 2009

El sexo de los Ángeles (Poesía en prosa)

Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y las mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.

Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos ( por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir, con las adecuadas.

Así, cada vez que ángel y ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales. Y si ángel, para abrir el fuego dice : "semilla", ángela, para atizarlo responde: "surco". Él dice "alud", y ella, tiernamente: "abismo".

Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos. Ángel dice : "madero". Y Ángela: "caverna". Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.

Él dice "manantial". Y ella "cuenca". Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.

Ángel dice: "estoque", y Ángela, radiante: "herida". Él dice: "tañido", y ella: "rebato".

Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y los nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.

Mario Benedetti

domingo, 29 de marzo de 2009

Pájaro en la boca...

Mientras me deshago de los versos
Y las tentaciones de las palabras
Inservibles
De la mujer que duerme a mi lado esta noche,
Intento llamar al pájaro del estrecho tragaluz
Espero salga de la sombra
Como lo adivinaba aquel poema que leí y olvidé.


Le espero... hasta que salga de mi boca
Y desaparezca en el silencio.

Mientras doy la vuelta
De un lado a otro
En el hueco de mi deseo
Tampoco pienso en una muerte
Tan clara como dormir
en este momento.

La ignorante mujer, casi inocente
Sonríe en la penumbra.

Mi idea desprecia el amanecer surgente
Me levanto descubriendo el juego
Nada de pájaros
Las carcajadas de esta mujer son la única verdad.

"No es más que viento", diré
Repitiendo la frase de Gilgamesh el mesopotámico
Un antepasado raro,
Y vuelvo a besar las rosas del mantel.

El pájaro es un viejo recuerdo
De apoderada noche.

Abdul Hadi Sadoun

miércoles, 25 de marzo de 2009

Otro cielo...


A mi Lori en su
18 cumpleaños...


No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio

no existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón

no existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo

eso es por que se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino


Mario Benedetti

domingo, 22 de marzo de 2009

Si es verdad...


Si es verdad que
el concepto es arquetipo del objeto
en las letras de tu nombre esta mi vida
y en el amor, el sentido de mi nombre.

María Cristina Bosch

jueves, 19 de marzo de 2009

Apuntes para una leyenda...

Una mujer está parada sobre un puente
que no existió jamás

Su piel que jamás fue besada
flota sobre las aguas del tiempo
como un recuerdo sin rostro

Una carta que jamás fue leída
lucha por alcanzar la orilla
para que alguien la descubra

Un hombre que jamás ha leído
que no sabe leer
que no aprendió jamás
halla la carta y el cuerpo
debajo de ese puente

El hombre llora de impotencia
mientras la carta se deshace
entre sus dedos

El río que está lleno de lágrimas
se apiada de aquel hombre
y le revela el secreto de esa carta

Y el hombre loco de amor
junta sus noches y sus sueños
para arrojarse de ese puente
que no existió jamás


Mario Meléndez
(Chileno)

lunes, 16 de marzo de 2009

Poema de tu voz...




Tu voz puebla de lirios
los barrancos soleados donde silban mis versos de combate.
Tu voz siembra de estrellas y de azul
el cielo pequeñito de mi alma.
Tu voz cae en mi sangre
como una piedra blanca en un lago tranquilo.
En mi pecho amanecen pájaros y campanas
cuando muere el silencio para nacer tu voz.

Amo tu voz cuando cantas
y hay un temblor de nidos y de bosques en tu garganta blanca.
Amo tu voz cuando cantas
y te estremece el ritmo de las fuentes que bajan de la montaña.
Amo tu voz cuando cantas
y sacude tu voz la ternura fecunda
de las brisas que transportan el polen en las tardes de primavera.
Amo tu voz cuando estás en silencio
porque el silencio es un sutil presagio de tu voz.

Y amo tu voz con un amor intenso como la muerte
cuando ella se deshoja en palabras confusas,
en palabras mojadas de tu aroma y tu sangre,
en menudas palabras que en la sombra me buscan
como niños perdidos,
en palabras quemantes como llamas azules,
en el tibio murmullo que no llega a palabra.
Amo tu voz intensamente en el corazón de la medianoche.
Cuando tu voz se abrasa en la selva incendiada de nuestro amor.


Miguel Otero Silva
(Venezolano)

jueves, 12 de marzo de 2009

Rendición de cuentas...

Te debo una lágrima.
Me debés una ternura.
O dicho en otras palabras:
Nos debemos ese imprescindible instante
de absoluta sinceridad.

 Cristina Fornés

lunes, 2 de marzo de 2009

Fumando pienso...

Me cabe en una mano
tu rostro azul
de sueño etéreo.

Lo soplo en esfumados blancos
y veo cómo te mezclas
en el humo de la vida
que me bebo.

La suave ensoñación
de masa ardiente,
de minutos juntados,
al lado de tus sienes descansadas,
me alimenta.

Piso el asfalto ajeno
y no me pasa
la corriente urbana del milagro,
de esta eterna ciudad de los milagros.

Sólo esa masa
de minutos amasados en tus piernas,
en tus brazos,
y más profundo,
en el infinito aletear de tus abrazos,
hace el milagro
de abrirme el alma a diario,
sin que salga publicado
en anuncios por palabras cortadas,
del rincón de algún diario.

Ángela Becerra
Alma Abierta