miércoles, 23 de noviembre de 2005

Pareja sin historia...

Se acarician. Se bastan.
Están colmados por ellos mismos
colmados por la sed sensual del otro.
Se conocieron ayer:
llevan siglos de parecerse
de abrazarse en las paredes siempre únicas
de reconocerse en todos los lugares
donde el sueño esconde su tesoro
donde la dicha deja a la nostalgia
donde nunca estuvieron

donde están.

Aroma de piel ramajes íntima penumbra
labios que besan por la herida
rostro asomado al secreto del rostro que lo refleja
palabras que se derriten por los dedos
semejanzas descubiertas con delicia
apetencias de olvido y de sabores no probados
mientras se inventan paraísos sin castigo
y se cuentan a tientas el alma
mientras asumen el destino de las frutas
y la vida fulgura en ellos
con sus “siempre” y sus “nunca” efímeros
con sus “primera vez” repetido hasta el final
con sus partes confundidas

cual miembros que el amor enlaza.

Hasta ellos no alcanza el rumor de la urbe
o será más bien que no lo oyen
que lo cubre el susurro con que se aman
que lo dispersa el soplo que se dan.

Se huelen se gustan se desean.
La libertad que encuentran los deslumbra.
Ascienden en una isla espacial entre los astros.
Pareja sin Historia
pareja constelada.

Se miran a sí mismos en el otro.
Ella aparece abierta impúdica ojerosa tremulante
él: enhiesto obsceno avisor posesivo
ella: contráctil húmeda gimiente umbría
él: herido llameante solar fulminado.
¡Cuánto abandono momentáneo!
¡Cuánto triunfo!
Pueden equivocarse gozosamente
confundir las imágenes del deseo espejado
fundir los sabores de sus bocas
perderse juntos en el placer del otro
fluir de manantiales en arroyos
de arroyos en raudales de raudales en ríos
hasta el mar hasta volcarse en la unidad del origen
en el espacio pletórico y vibrante
donde cada movimiento se transmite de polo a polo
donde flotarán donde están flotando
como dos hipocampos entregados al rito nupcial.

Aflojan las redes y los nudos milenarios
arrojan de sí el pasado las cáscaras los trapos
viento propicio borra las huellas mezcla arenas y estrellas
le dan la espalda a la memoria hueca
para ser cresta de una ola
para ser cresta espuma sortilegio
cielo de mar espacio palpitante que rompe en sales
y en la cresta de esa ola de caballos tornasolados
que recorre de punta a punta el tiempo como una playa
¡me arrojo contigo!
¡la corro contigo hasta el final del día!
¡sobre su filo tú y yo somos jabalina y destello!
¡vivan este esfuerzo estos besos esta presencia única!
¡vivan este júbilo del mar los cuerpos aparejados!
¡nuestro almizcle que huele a marisco y a gato montés!
¡el relámpago en que nos dormimos juntos!
Juan Liscano

5 comentarios:

Anónimo dijo...

El más impactante poema de amor que he leído en mi vida,quizá sea pq me crucé con él en un momento muy especial (los poemas tienen la costumbre de ser muy caUsales),y además porque lleva en sí toda la fuerza de la pasión y a su vez se eleva mágicamente hasta el lugar donde está lo esencial de nuestro ser,donde nace el Amor...

Genial su paisano Señora,y acertadísima su elección

Besos

Anónimo dijo...

Ufff, no tengo palabras!

Azul... dijo...

Es un orgullo ser paisana de un poeta como Liscano, sí, porque es que nada de lo que le he leído tiene pérdida...

Gracias a los dos por estar aquí =o)

Bechitos!

Ciro Estrada Lechuga dijo...

La poesía. Siempre bella, siempre sensual, siempre la palabra acomodada será como la mujer bella.

Ver: "Una mujer desnunda y en lo oscuro", de Mario Benedetti.

Saludos, Ciro Estrada.
www.ciroestrada.blogspot.com

Azul... dijo...

¡Hola Ciro!

Gracias por la visita... y por la sugerencia: Benedetti es uno de mis poetas favoritos y Serrat, que es mi cantautor insignia, le puso música ¿lo has escuchado?...

Ya me di una vueltita por tu Blog y te dejé un mensajito... te felicito nuevamente por tu próxima paternidad :)